Iglesia silenciada

La Iglesia Católica en España, y en otros países, parece con frecuencia que esté silenciada por buena parte de los medios de comunicación, sobre todo en lo que se refiere a la amplia labor social que lleva a cabo. Debería destacarse, sobre todo en estos tiempos de profunda crisis económica, pero por eso mismo es más evidente el silencio, como una de la opciones que nos ofrecen los teléfonos móviles.

Se esconde sin descaro la labor social de la Iglesia, porque es imposible atacarla. La Iglesia en España tiene 5.141 centros de enseñanza (1.000.000 de alumnos, ahorra Estado 15.000 millones de euros al año), 107 hospitales (ahorra al Estado 5.000 millones al año), 1.000 centros diversos –minusválidos, enfermos SIDA, etc.- (ahorra 4.000 millones al año), 365 centros de reeducación para marginados sociales (50.000 beneficiados, ahorra 150 millones), 937 orfanatos (10.000 niños, ahorra 90 millones), Cáritas (155 millones que salen de donativos), Manos Unidas, Obras Misionales y la conservación del muy estimado patrimonio histórico-artístico (unos 35.000 millones que se ahorran al Estado). No olvidemos a las decenas de miles de voluntarios en este tipo de instituciones y tareas de otra índole, movilizados por una fe que se plasma en obras, no meramente en discursos o creencias sin consecuencias prácticas.

¿Cómo es posible el silencio ante esta realidad tan arraigada y extendida? No sé si el lector de estas líneas conoce algún comedor para indigentes que sufrague un sindicato o un partido político: puede argumentarse que no entra en sus fines, pero tal vez su vocación de servicio a la sociedad podría plasmarse en algunas iniciativas sociales, destinando una parte del sueldo de los liberados o recabando donativos de los afiliados ¿por qué no, ahora que toca hacer reformas profundas?

Sobre la Iglesia Católica se informa profusamente cuando hay polémica –real o creada artificialmente- o si surge algún escándalo. Voracidad mediática, y a veces sectarismo, con una mezcla de deficiente comunicación por parte de la Iglesia Católica, que me consta se desea mejorar.

Pero en el silenciamiento de la labor social que hace la Iglesia Católica hay una parte de responsabilidad por parte de los católicos, que parecen acomplejados –nadie es perfecto- y resignados a hacer esa labor social casi al estilo de las catacumbas, es decir, sin que se note o se sepa que los motivos espirituales generan y sostienen esa labor. Unos silencian y otros están acomplejados. Se cumple lo que escribió Quevedo: “el valiente tiene miedo del contrario; el cobarde, de su propio temor”.

Reforma laboral urgente

El refrán de que en la mesa y en el juego se conoce al caballero es bastante cierto. Son momentos en que se expresan con franqueza sentimientos, razones o deseos, con naturalidad, sin miramientos. Manda la espontaneidad.

Tras a jugar al tenis regularmente con un amigo, Juan-Pablo, se impone una conversación en que se habla de tenis y de cuanto surja. Nos explayamos. Y hablando de la situación del paro creciente que sufrimos en España, Juan-Pablo no pudo ser más explícito refiriéndose a uno de sus hijos que lleva tiempo sin trabajar: “lo que yo quiero, y mi hijo también, es trabajar en lo que sea, y bienvenidos serían para él y para todos unos 400 euros al mes”. Ahora el hijo de Juan-Pablo es un consumidor de televisión, de internet, del sofá y del insulso “salir con los amigos”, porque como él se encuentran vacíos de proyectos profesionales, de exigencia profesional, y con los bolsillos muy vacíos. Son jóvenes de unos 25 años.

No es anecdótico el comentario de Juan-Pablo, sino sintomático de lo que se piensa en la calle. La gente quiere trabajar, ingresar algo de dinero. Sin embargo, parece que los sindicatos en España siguen con quimeras o desean seguir haciéndose la ilusión de que estamos en el país de las maravillas. Unos sindicatos que son restos arqueológicos o piezas de anticuario, que se niegan a aceptar que los ciudadanos no se sienten representados. Estamos en un país que, con urgencia, debe resolver la dramática cifra del paro y, salvo mejores propuestas, lo más práctico es otear en el horizonte cómo lo resuelven otros países.

Seguimos asombrándonos de Alemania, de los Países Bajos, del Reino Unido, de Austria, que son los países actualmente de destino para bastantes jóvenes españoles. En esos países se han potenciado los contratos a tiempo parcial, que suponen entre un 25% y un 48% del total de contratos laborales en esos países, mientras en España tenemos la cifra del 14%, y la que menos tiene es Grecia, con un 6% ¡qué casualidad!

Los alemanes tienen fama de ser trabajadores y rígidos. Pero precisamente porque son trabajadores son capaces de ver en la flexibilidad laboral la salida real en estos momentos. Los españoles nos preciamos de flexibles, y somos rígidos. La reforma laboral que ahora debe aprobar Rajoy es, necesariamente, de flexibilidad.

Salida del túnel de la crisis

La prolongada y dura crisis económica es como una gran montaña que hay que atravesar construyendo un túnel. El túnel se ha empezado a construir, pero se requiere acertar en su construcción, con las “luces” adecuadas ver, avanzar y llegar al final. La gran cuestión es la salida del túnel de la crisis. Las medidas que han adoptado el Gobierno y el Consell pretenden atajar la hemorragia, o si se quiere el naufragio en el que estábamos. Pero con amputar o contener una hemorragia no se recupera la salud, es preciso pasar a medidas que posibiliten el crecimiento y el empleo.

Para salir de este túnel, no hay que olvidar que el origen es el despilfarro, la avaricia. Juan Roig, presidente de Mercadona, ya dijo que “la fiesta se ha acabado” y que lo mejor de 2011 era que sería mejor que 2012. ¿Pero la fiesta se ha acabado para todos, o hay privilegiados que siguen de fiesta? Es el debate que aflora en cualquier conversación en estos días. Hay que incentivar a pymes y autónomos, ya.

En cualquier caso, el túnel de la crisis ha de taponar el agujero que existe de falta de ética. Es una crisis de valores, incluso por encima de normas o económica, y por eso se han cometido un sinfín de tropelías que una familia media, con el mínimo sentido común, no hubiera cometido, ni ha cometido, pero que ahora sufre. Hay que convencerse de que la ética es rentable económicamente, sobre todo a medio y largo plazo. Directivos del ámbito público y privado, y la sociedad entera, han de descubrir el esfuerzo, el trabajo bien hecho y que de los abusos se deriva responsabilidad.

Los escándalos en la Junta de Andalucía que están aflorando son un monumento al abuso, y ahora es el chófer del ex director de Trabajo que está tirando de la manta, relatando cómo con el dinero de los trabajadores –subvenciones, EREs, etc.- consumían cocaína a diario él y su jefe, y se pagaban multitud de caprichos no pequeños.

Los 5 millones de parados en España obligan a cruzar el túnel de la salida de la crisis prestándoles ayuda, pues en bastante medida son los menos culpables, y los que están pagando la nefasta gestión de la crisis que se ha hecho en España hasta ahora. El Gobierno ha acertado con su apuesta por la solidaridad, y ha de seguir manteniendo el subsidio para los parados que no encuentren ocupación, añadiéndole una formación o dedicación de horas de trabajo en tareas para las que están capacitados.

La dictadura burocrática

Uno de los ejes principales de la política de Mariano Rajoy es suprimir la burocracia al máximo. Loables pretensiones, que son las de todos los españoles, porque la burocracia actual es desesperante, incomprensible.

La burocracia española ya fue magníficamente recogida por el escritor Mariano-José de Larra en “Vuelva usted mañana”, que recogía el desaliento de un inversor extranjero ante las innumerables trabas administrativas de España. Casi dos siglos han pasado.

Me resisto a admitir que la burocracia desmedida, ilógica, sea casi connatural con la idiosincrasia española. Las nuevas tecnologías han eliminado algunas trabas, pero asombrosamente no se utilizan para muchos trámites. Y el ciudadano paga, con su tiempo y dinero, la pasividad, indolencia o irresponsabilidad de ciertos empleados públicos.

La técnica y el poder político pueden suprimir burocracia, pero mientras no se cambien de mentalidad no se mejorará sustancialmente. Los trámites administrativos deben ser facilitados al máximo a cada ciudadano, es un deber de los empleados.

En una ciudad -prefiero no decir cuál, por el afecto que le tengo- se cita, hace unos días, a una persona para una inscripción en el Registro Civil, y se le dice que puede acudir a cualquier hora un martes o un jueves, por supuesto por la mañana solamente ¿por qué? Esa persona acude, pidiendo permiso en el trabajo y perdiendo ingresos consecuentemente, viajando no pocos kilómetros, y le dicen que no funciona el sistema informático, “como sucede con frecuencia” y a veces toda la mañana. Insólito. No sucedería si todos los ciudadanos que lo sufren reclamaran y si el responsable de informática pagara de su bolsillo la negligencia, o se arbitrara cualquier solución menos la tercermundista e injusta solución de que el ciudadano aguante.

Se nos ha subido el IRPF: ha llegado la hora de no transigir con la dictadura burocrática, con más derecho que nunca y por urgencia nacional. Estoy convencido que muchos empleados públicos aplauden estas líneas, porque sufren un sistema obsoleto.

Un Gobierno competente

Los españoles anhelamos que nuestro país salga del mal sueño que estamos viviendo. Por supuesto, la prioridad es crear empleo, y el empleo sólo se crea cuando se crece, como ha dicho el nuevo ministro de Economía, Luis de Guindos.

De cuanto se ha dicho y escrito sobre el Gobierno de Rajoy, me quedo con algunas valoraciones breves del Centro para el Liderazgo Público y Gobierno, dirigido por Antonio Núñez, para la formación de directivos y altos cargos públicos nacionales e internacionales. Este Centro tiene sólo unos meses de existencia, pero no así el IESE, con más de 50 años de existencia y con un prestigio empresarial e institucional en la formación de directivos que es mundialmente reconocido. Ha dicho este Centro, en una valoración pocas horas después del nombramiento del Gobierno,  que los ministros tienen el común denominador de que son “tranquilos, inteligentes, serenos y discretos”, y atesoran “experiencia de gobierno”. Yo me atrevo a decir, sin más, que es un Gobierno competente, que es lo que se debe exigir siempre, y sobre todo ahora.

Desde luego, nadie pone en duda que Rajoy ha elegido un Gobierno totalmente a su medida,  que haga del esfuerzo, el rigor, la sensatez  y la competencia su lema de trabajo. Habrá que ir viendo cómo logran el objetivo, que es común y demandado por todos los españoles.

España tiene que volver a crecer para crear empleo. También es cierto que, para crecer, hace falta una reforma laboral que no puede demorarse. Y todo ello requiere una reforma rápida del sector bancario, así como de la energía. Además, sin subir los impuestos. En Castellón, así se expresó Luis de Guindos el pasado 29 de septiembre, en el Foro Cívico de la Comunidad Valenciana, que preside  el rector de la VIU, Juan Manuel Badenas, con el acierto de invitar a quien se vislumbra que tiene las claves básicas para la recuperación económica, y que finalmente ha sido escogido por Rajoy.

De Guindos tiene gran experiencia internacional, experiencia económica y experiencia de gobierno, y sabe que no tiene “ni un mes de cortesía”. Todo urge, por lo que la rapidez debe hacerla compatible con la serenidad. De  Salgado ha dicho que “le ha tocado bailar con el más feo”. A De Guindos le ha tocado bailar con la más fea, y se espera mucho de él. Clave el cuarteto  Rajoy-Soraya-De Guindos-Montoro.


Rajoy genera confianza

Rajoy ha superado con nota alta el discurso de investidura porque ha generado confianza. Con el hartazgo que existe en la sociedad española de discursos vacíos, alejados de la realidad y reiteradamente incumplidos durante los años en que ZP presidió el Gobierno, la alegría prenavideña es escuchar un discurso que se compromete con la verdad.

Esperábamos un discurso moderado, y lo ha sido. Rajoy tenía un reto crucial en ese discurso: transmitir la seguridad de que puede enderezar este país. Y lo ha conseguido con ese discurso,  como se ha reflejado inmediatamente en el  Ibex 35.

Era un discurso comprometido. Tenía que atenerse a la realidad del paro y de la economía, que en efecto sangran España, y a la vez proyectar el optimismo de quien se ve capaz de enderezar el rumbo, con sacrificio diario en su tarea y la de todos.

Simultáneamente, Rajoy debía disipar el reiterado comentario de que no concreta, de que tanto lleva el galleguismo en las venas que no hay modo de arrancarle medidas de gobierno. Asumió su compromiso de actualizar las pensiones, en un primer ejercicio de coherencia y cumplimiento de su palabra. Para ser un discurso de investidura en unos momentos tan delicados de nuestra historia, diseñó el marco y trazó algunas líneas maestras:  un discurso plagado de medidas sería contraproducente, pues vendrán en los próximos días y semanas, con un primer semestre de 2012 en que todos tendremos que achicar agua, porque este país está naufragando sin paliativos.

Se habla de la hora de Rajoy, pero se debe hablar mucho también de la hora de todos los partidos políticos. CiU debe estar a la altura, sin pretensiones pigmeas. Rosa Díez es capaz de sumar, aunque se siente obligada a poner objeciones al discurso de Rajoy, aludiendo a que se debe hacer política de altura, y no sólo de economía. Los políticos que necesitamos no son los encantadores de serpientes ni los que conciben su tarea como oposición casi sistemática. Es hora de sumar entre todos.

Hay quien puede pensar que Rajoy tenía ante sí un discurso fácil, porque es fácil gobernar mejor que ZP.  Rajoy tenía un primer obstáculo que superar, y era el pesimismo que se ha instalado en España. Y lo ha superado prometiendo gobernar con la verdad, aunque duela. Atrás queda el “talante”. Por eso genera confianza.


Ullals y Bancals de Benicarló

Hace unos días, se celebró en el MUCBE de Benicarló la presentación del libro “Ullals y Bancals de Benicarló”. Lo edita la Asociación Mallols y ha coordinado la publicación el catedrático Manuel Ferrer.

Me invitaron a presentar el libro, y con mucho gusto lo hice. Con una nutrida asistencia y con la presidencia de Marcelino Domingo, el Alcalde de Benicarló, el propio acto fue en buena medida reflejo de este libro y de la propia Asociación Mallols. Había personas de todas las edades –es, en sentido estricto, una asociación intergeneracional – y se puso de manifiesto que es una asociación muy viva. El libro es, en efecto, una obra colectiva, que ha requerido bastante dedicación, pero demuestra una vez más que las tareas colectivas salen adelante si hay objetivos claros, personas que las lideran y responsabilidad personal de muchos asociados.

En Mallols tienen muy claros los objetivos, y no han cambiado desde su inicio, allá por los comienzos de la década de los 70: la familia, el estudio o trabajo, la formación, el esfuerzo, la solidaridad, la diversión y el deporte. Van evolucionando sus actividades en función de la actualidad, pero los valores son los mismos que llevaron a su creación.

Mallols tiene personas que la lideran. Manuel Ferrer, Jordi Cid y otros más imprimen ritmo y dinamismo cada semana. No se organizan actividades ocasionalmente, sino todas las semanas. Cuando no es un curso de orientación familiar es una tertulia cultural o una excursión: la variedad de actividades hace posible que todos encuentren algo en lo que participar o hacer extensivo a parientes, amigos o conocidos.

Una asociación de este tipo parece chocar con cierta mentalidad de que la vida cultural deben dinamizarla grandes instituciones públicas o privadas. La cultura debería ser, en mucha mayor medida, patrimonio y cultivo de la sociedad, de los ciudadanos libre y responsablemente asociados. Parece haberse extendido la mentalidad de que no cabe hacer nada en el ámbito cultural si no está subvencionado. Asociaciones como Mallols, que viven de lo que aportan sus socios, son capaces de casi todo: se merecen recibir subvenciones como nadie, pero existen antes y por encima de las subvenciones. En España no sólo necesitamos más emprendedores en el ámbito empresarial, sino también en todos los “ullals” y “bancals” de la sociedad.

Maratón de Castellón

El próximo domingo se celebra la segunda edición del Maratón Internacional Ciudad de Castellón. Como lo fue la primera edición y todavía más, será una fiesta en la ciudad, y no sólo deportiva. Con el eco todavía de haber elegido Castellón como Ciudad Europea del Deporte en 2012, parece que adquiere mayor relevancia. Y es que el Maratón de Castellón puede ser una buena referencia para iniciativas deportivas en 2012 que conjuguen implicación deportiva, informativa, social y cultural, porque hay infraestructuras, clima y calor popular para muchas cosas más.

Hay que recordar la gran tarea que llevó a cabo Vicente Sales, el concejal de Deportes, para que la primera edición fuese todo un éxito. No paró en tiempo, esfuerzo ni imaginación. Creó una cita importante en la ciudad; el relevo lo  ha cogido la concejala de Deportes, Begoña Carrasco, con similar ilusión.

La ciudad se prepara. El plazo de inscripciones ya se ha cerrado, y correrán los que lo han deseado: la mayoría, con una larga preparación, porque no es una prueba para  calibrar cómo se encuentra uno físicamente:  42 kilómetros corriendo tiene mucho mérito. Además, todo apunta a que disfrutaremos de un día estupendo: en la calle nos encontraremos decenas de miles de personas.

El maratón se remonta al año 490 antes de Cristo, cuando el soldado griego Filípides corrió desde Maratón a Atenas (40 kilómetros)  para anunciar la victoria sobre el ejército persa. Y fue en los Juegos de Atenas (1896) donde se incorporó el maratón, que es todo un símbolo del atletismo, de la superación y del esfuerzo.

Como sucedió en la primera edición, la ciudad se está volcando. Antes de la prueba, en La Pérgola se inaugurará la Expomaratón, y el sábado se celebrará el Maratón Infantil. Todos podemos participar, de un modo u otro.

Los medios de comunicación se volcaron el año pasado, y lo están haciendo ya. El acontecimiento se lo merece.  En la página web de Radio Televisión Valenciana (www.rtvv.es)  ya se puede consultar cuanta información se desee, y se podrán ver el mismo día 11 todas las llegadas de cuantos corredores completen el recorrido en el tiempo establecido. En la meta, en el Parque Ribalta, no entran sólo los corredores: en cierto sentido, todos ganamos. Y Filípides sonreirá desde lo alto.


Ayuntamientos sociales

Se están dando a conocer los presupuestos de los ayuntamientos para 2012. Los ciudadanos reclaman una sensibilidad social a los consistorios como nunca hasta ahora, no  una sensiblería verbal o de gestos, sino de esfuerzo económico. No se desean discursos ni promesas, sino que se exigen decisiones en los ayuntamientos para que ahorren al máximo en su funcionamiento,  mejoren sus servicios y atiendan en mayor medida las partidas destinadas a bienestar social, porque 5 millones de parados suponen una carga de angustia y sufrimiento que no permiten inercias ni quejas. En muchos apartados se pueden reducir costes, pero en bienestar social deben aumentarse.

La creación de empleo es la prioridad social por excelencia, no hay que olvidarlo. Pero la reactivación del empleo depende, sobre todo, de las pequeñas y medianas empresas, de la sociedad, no de los ayuntamientos ni del Estado: adelgazando las administraciones públicas se ayuda a las pequeñas y medianas empresas, y a las grandes, así de sencillo. Ésa es la auténtica “bandera social”, o así lo pienso yo.

Analizando los presupuestos para 2012 que se están conociendo, alegra que el Ayuntamiento de Benicàssim aumente un 60% la partida social de sus presupuestos. La alcaldesa, Susana Marqués, lo tiene muy claro, y la buena gestión del concejal Javier Alonso  en 5  meses  es un aval. Más de 400 familias ayudadas, cursos enfocados a crear empleo y atender situaciones críticas. La época de eslógans y tópicos ha pasado: ha llegado la hora de gobernar con la responsabilidad y el sentido común con que gestionamos nuestra propia casa.

Otro ejemplo es el Ayuntamiento de Castellón. Acaba de aprobar la nueva adjudicación del servicio de ayuda a domicilio, con 300.000 euros, prestado por trabajadoras sociales en coordinación con el consistorio. Alfonso Bataller  cumple, y Carmen Querol, la concejala de Bienestar Social, tiene muy claras las prioridades.

Y hay un “ayuntamiento de ayuntamientos” que es la Diputación. Llega donde no llegan  ayuntamientos pequeños o alejados.  Javier Moliner  y la diputada Esther Pallardó  son consecuentes, y ahí están los 24 millones destinados a la atención social. No son tiempos para reducir los servicios sociales, sino para aumentarlos. Sería fácil esquivar su responsabilidad invocando la crisis, pero no lo hacen.


Realismo de Rajoy

La mirada está depositada en Rajoy, y también la esperanza. Sus 186 diputados, la mayor victoria electoral que ha conocido el PP. Ahora todos olvidan el largo itinerario que ha tenido que recorrer Rajoy para llegar a la Moncloa, con ataques desde el PSOE de que no proponía medidas, y también con la incomprensión y la impaciencia de gente del PP que le pedía una oposición más visceral y pasional.  Esas críticas  le llovían a Rajoy  un día sí y otro también, mientras seguía siendo ese hombre tranquilo que ahora ha logrado un triunfo histórico.

Un hombre tranquilo, moderado,  con experiencia en el Gobierno, va a ser el nuevo presidente del Gobierno.  Todo un contraste con ZP, que ha sido el prototipo del sectarismo, la improvisación, la inexperiencia, para quien los cinco millones de parados y la situación económica de España se deben  a Europa y a los tiburones financieros. Y con ese mensaje se va, asombroso.

Las primeras palabras de Rajoy, desde el balcón de Génova,  fueron solemnes, serenas. Los militantes o votantes que aclamaban en el exterior guardaron un silencio elocuente.  Rajoy hilvanó un discurso teñido de realismo  y pidió la colaboración de todos,  pues la tarea es ingente.

Ese mensaje de realismo, sin prometer milagros pero prometiendo trabajo y constancia, como dijo Rajoy,  es el que nos ha de llevar a conectar con la realidad y salir del hoyo.  No son momentos de castañuelas para nadie, y Rajoy acertó en el contenido y en la forma  con lo que la inmensa mayoría anhela: un gobierno serio, y sin “rodillo”. Y para ese realismo conciliador hace falta que todos arrimen el hombro, pues la democracia es algo más que votar cada cuatro años.

La llegada de Rajoy cierra una etapa en que algunos han hecho de la política un intento de juego de magia, de encantamiento. Y se olvidan que la ilusión es consecuencia del trabajo y la constancia. Otra política abre la puerta. Pero hace falta que los demás partidos políticos también se sumen a ese realismo, con sentido de Estado.

 

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