Ayuntamientos sociales

Se están dando a conocer los presupuestos de los ayuntamientos para 2012. Los ciudadanos reclaman una sensibilidad social a los consistorios como nunca hasta ahora, no  una sensiblería verbal o de gestos, sino de esfuerzo económico. No se desean discursos ni promesas, sino que se exigen decisiones en los ayuntamientos para que ahorren al máximo en su funcionamiento,  mejoren sus servicios y atiendan en mayor medida las partidas destinadas a bienestar social, porque 5 millones de parados suponen una carga de angustia y sufrimiento que no permiten inercias ni quejas. En muchos apartados se pueden reducir costes, pero en bienestar social deben aumentarse.

La creación de empleo es la prioridad social por excelencia, no hay que olvidarlo. Pero la reactivación del empleo depende, sobre todo, de las pequeñas y medianas empresas, de la sociedad, no de los ayuntamientos ni del Estado: adelgazando las administraciones públicas se ayuda a las pequeñas y medianas empresas, y a las grandes, así de sencillo. Ésa es la auténtica “bandera social”, o así lo pienso yo.

Analizando los presupuestos para 2012 que se están conociendo, alegra que el Ayuntamiento de Benicàssim aumente un 60% la partida social de sus presupuestos. La alcaldesa, Susana Marqués, lo tiene muy claro, y la buena gestión del concejal Javier Alonso  en 5  meses  es un aval. Más de 400 familias ayudadas, cursos enfocados a crear empleo y atender situaciones críticas. La época de eslógans y tópicos ha pasado: ha llegado la hora de gobernar con la responsabilidad y el sentido común con que gestionamos nuestra propia casa.

Otro ejemplo es el Ayuntamiento de Castellón. Acaba de aprobar la nueva adjudicación del servicio de ayuda a domicilio, con 300.000 euros, prestado por trabajadoras sociales en coordinación con el consistorio. Alfonso Bataller  cumple, y Carmen Querol, la concejala de Bienestar Social, tiene muy claras las prioridades.

Y hay un “ayuntamiento de ayuntamientos” que es la Diputación. Llega donde no llegan  ayuntamientos pequeños o alejados.  Javier Moliner  y la diputada Esther Pallardó  son consecuentes, y ahí están los 24 millones destinados a la atención social. No son tiempos para reducir los servicios sociales, sino para aumentarlos. Sería fácil esquivar su responsabilidad invocando la crisis, pero no lo hacen.


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