Salida del túnel de la crisis

La prolongada y dura crisis económica es como una gran montaña que hay que atravesar construyendo un túnel. El túnel se ha empezado a construir, pero se requiere acertar en su construcción, con las “luces” adecuadas ver, avanzar y llegar al final. La gran cuestión es la salida del túnel de la crisis. Las medidas que han adoptado el Gobierno y el Consell pretenden atajar la hemorragia, o si se quiere el naufragio en el que estábamos. Pero con amputar o contener una hemorragia no se recupera la salud, es preciso pasar a medidas que posibiliten el crecimiento y el empleo.

Para salir de este túnel, no hay que olvidar que el origen es el despilfarro, la avaricia. Juan Roig, presidente de Mercadona, ya dijo que “la fiesta se ha acabado” y que lo mejor de 2011 era que sería mejor que 2012. ¿Pero la fiesta se ha acabado para todos, o hay privilegiados que siguen de fiesta? Es el debate que aflora en cualquier conversación en estos días. Hay que incentivar a pymes y autónomos, ya.

En cualquier caso, el túnel de la crisis ha de taponar el agujero que existe de falta de ética. Es una crisis de valores, incluso por encima de normas o económica, y por eso se han cometido un sinfín de tropelías que una familia media, con el mínimo sentido común, no hubiera cometido, ni ha cometido, pero que ahora sufre. Hay que convencerse de que la ética es rentable económicamente, sobre todo a medio y largo plazo. Directivos del ámbito público y privado, y la sociedad entera, han de descubrir el esfuerzo, el trabajo bien hecho y que de los abusos se deriva responsabilidad.

Los escándalos en la Junta de Andalucía que están aflorando son un monumento al abuso, y ahora es el chófer del ex director de Trabajo que está tirando de la manta, relatando cómo con el dinero de los trabajadores –subvenciones, EREs, etc.- consumían cocaína a diario él y su jefe, y se pagaban multitud de caprichos no pequeños.

Los 5 millones de parados en España obligan a cruzar el túnel de la salida de la crisis prestándoles ayuda, pues en bastante medida son los menos culpables, y los que están pagando la nefasta gestión de la crisis que se ha hecho en España hasta ahora. El Gobierno ha acertado con su apuesta por la solidaridad, y ha de seguir manteniendo el subsidio para los parados que no encuentren ocupación, añadiéndole una formación o dedicación de horas de trabajo en tareas para las que están capacitados.

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